Fué Matteo quien interrumpió el momento, apareciendo como el salvador secreto de su hermana menor.
Ambos hermanos poseían el mismo color café oscuro en sus iris, pero con la diferencia que, mientras la mirada de Elisabetta era dulce y llamativa, la de Matteo, aún siendo un niño, era tan intensa como la de su padre.
Matteo tenía el ceño fruncido y observaba la escena frente a él con un atisbo de sospecha.
Isabella, como una maestra en el arte de la manipulación, hizo casi imperceptible el cambio