Así como había noches en que Lorenzo se acostaba junto a Aurora buscando sentir su cuerpo junto al suyo como si se tratara de un refugio, de un lugar donde dejaba de ser un mafioso imponente y peligroso, otras noches necesitaba más.
Su deseo por Aurora era una bestia que despertaba hambrienta y arañaba su pecho necesitando hundirse en ella y devorar su boca como si eso fuera a mantenerlo con vida. Era como un incendio amenazando con consumirlo y reducirlo a cenizas. Y le gustaba.
Lorenzo ancló