Laila no lo nota de golpe.
No hay un momento exacto, una revelación clara, una frase interna que diga “ya no quiero ser solo madre”. Es algo más sutil, más incómodo incluso. Una sensación que aparece cuando el ruido baja y el cuerpo deja de estar en alerta constante.
Ocurre una tarde cualquiera.
El bebé duerme en la cuna. Los gemelos están con Marcus en el parque de abajo. Melissa está en casa de una amiga. La casa, por primera vez en semanas, está en silencio real. No el silencio tenso de quie