El primer choque no llega como ataque.
Llega como suelen llegar las cosas que más daño hacen: disfrazadas de normalidad.
Es un domingo al mediodía. La familia está reunida en una comida amplia, de esas donde nadie parece tener prisa y todos creen saber cómo deben hacerse las cosas “bien”. La mesa es grande, el ruido es constante, y Melissa se mueve entre las sillas con naturalidad, riéndose de algo que dijo uno de los gemelos.
Laila la observa sin intervenir. Marcus también. Ambos han aprendido