El cansancio no llega de golpe.
No irrumpe.
Se infiltra.
Marcus no lo nota el primer día. Tampoco el segundo. Lo confunde con normalidad: noches cortas, mañanas largas, decisiones constantes. La vida funcionando. La casa llena. El amor presente. Todo “bien”.
Pero el cuerpo empieza a hablar antes que la cabeza.
Una mañana, Marcus se queda sentado en la orilla de la cama más tiempo del habitual. No está triste. No está ansioso. Está pesado. Como si cada movimiento requiriera un segundo extra de v