Marcus no reconoce el sentimiento de inmediato.
No llega como rabia ni como desconfianza. Llega como una incomodidad leve, casi educada, que se instala en el pecho y no empuja, solo observa. Como si algo estuviera fuera de lugar, aunque no sepa nombrar qué.
Ocurre un martes por la tarde.
Laila sale de casa con un vestido sencillo, nada provocador, nada pensado para llamar la atención. Sale así porque se siente cómoda, porque el cuerpo ya no le pesa como antes, porque el espejo dejó de ser un ju