ADRIAN
Llego a la mansión con una presión insoportable en el pecho. Antes incluso de entrar, lo sé. El vehículo de Bianca no está. La ausencia me golpea más fuerte que cualquier reproche. Salió temprano a hacer sus tramites, y no se comunicó en todo el día, y aún no se ha dignado en aparecer.
Cruzo la puerta y busco a Roger. Le pregunto si la ha visto. Niega con la cabeza. No añade nada más. No hace falta. Le pido que nadie me interrumpa y me encierro en el despacho, como si cerrar esa puerta pudiera contener el caos que llevo dentro.
Voy directo al mueble bar. Sirvo un vaso de licor y me lo bebo de golpe. El alcohol quema, pero no alcanza. Sirvo otro. Tampoco basta. Nada apaga esta mezcla de rabia, culpa y orgullo herido que se enrosca en mi estómago.
Me dejo caer en la silla y espero. No sé qué. Tal vez que ella vuelva. Tal vez que el tiempo retroceda. Tal vez que algo dentro de mí se rompa del todo y deje de doler.
Pasa casi una hora cuando la puerta se abre.
Carla entra.
Va vestid