BIANCA
Subo a lo que alguna vez fue mi habitación.
Abro el armario y busco mi bolso pequeño, ese en el que aún guardo parte de la ropa con la que llegué a esta casa. Entro al vestidor y empiezo a quitarme todo lo que alguna vez usé aquí. Cada prenda cae como una renuncia. No quiero nada que me recuerde a él.
Me calzo mis zapatos.
Dejo atrás esa versión de mí que aprendió a vestirse distinto, a vivir distinto. Reconozco que amaba esa nueva vida… pero ya he sido humillada suficiente como para seguir aceptándolo. Me lo prometí a mí misma. Y esta vez cumpliré.
Me acerco a la cajonera de Adrián. Busco la foto que suele guardar allí. Rebusco con torpeza, con prisa, y lo que encuentro no es una fotografía.
Es una libreta de matrimonio.
Frunzo el ceño al reconocerla y la abro con cuidado, como si temiera lo que pudiera encontrar dentro. En el instante en que leo los nombres, el mundo vuelve a detenerse.
Él y yo. Casados. Y Austin como mi hijo legalmente…
Tengo que sentarme al borde de la cama