ADRÍAN
El suero sigue conectado a mi brazo mientras los medicamentos recorren mi cuerpo lentamente. Los médicos fueron claros: después de casi una semana en cautiverio, mi estado no es precisamente bueno. La deshidratación era evidente, varios cortes comenzaron a infectarse y los golpes que recibí me están trayendo más problemas de los que pensé.
Lo peor es mi ojo izquierdo. Está tan inflamado que apenas puedo abrirlo. El doctor fue directo conmigo: existe la posibilidad de que pierda la visión