Bianca
—Bianca —dijo, clavando los ojos en los míos—, ¿puedes explicarme qué demonios creías que estabas haciendo?
—Lorenzo… —empecé, pero no me dejó continuar.
—No, no digas nada —interrumpió, levantando una mano mientras respiraba hondo, intentando controlarse—. Estabas en un maldito hotel, desaparecida, mientras tu hermano, mi hermano y yo quemábamos media Palermo buscándolas. ¿¡En qué carajos estabas pensando!?
Intenté respirar, mantenerme calmada pero su tono y la intensidad de su mirada,