Valentina
Nicola por fin se había dormido.
Después de llegar a casa, me había hecho el amor como nunca antes; con una delicadeza y devoción que no había conocido antes.
Cada beso, cada caricia cargada de amor. Terminamos exhaustos, no solo por el hecho en sí, si no que las emociones al final habían hecho mella en nosotros.
Me había quedado recostada en la cama. Sus brazos estaban cruzados alrededor de mi cintura, su cabeza apoyada en mi pecho.
Había llorado abrazado a mí, como un niño desbordad