Shadow
Me movía en la ciudad, pasándome el límite de velocidad establecido, pero ya nada importaba.
Después de la paliza que nos dimos en la casa de Nicola, lo único que me importaba era seguir buscando a mi mujer. Aunque tuviera que hacerlo solo.
Me estaba volviendo loco, no podía dejar de pensar en Gabriella, en el secuestro, la nota, su rostro en esa videollamada...
Nicola, Lorenzo y yo habíamos quemado cada rincón de Palermo buscando a nuestras mujeres, y aún no teníamos ni una puta respues