Nicola
El sonido de mi teléfono vibrando sobre el escritorio me sacó de mis pensamientos.
Lo tomé y vi un mensaje en el grupo que compartía con Lorenzo y Renzo.
Renzo: Necesitamos hablar.
Fruncí el ceño. Renzo no era de los que escribía esas cosas si no era algo realmente importante.
Respondí rápidamente.
Yo: Estamos en la oficina.
Lorenzo estaba sentado frente a mí. Levantó la cabeza en el momento que escuchó que dejé el teléfono sobre la mesa.
—¿Qué pasó? —preguntó, sin mucho interés, revisan