Valentina
Estaba sentada en el sillón cerca de la ventana, con Vittoria acurrucada en mi pecho mientras se alimentaba.
Sus pequeños ojos abiertos me miraban, sin perder ninguno de mis movimientos.
—Eres lo más hermoso que he hecho, principessa, —le susurré, inclinándome para besar su cabecita con cuidado.
Ella dejó de succionar por un instante y soltó un pequeño sonido, como una risita.
Sonreí, acariciando su espalda con delicadeza mientras ella volvía a su tarea con la concentración de una peq