Nicola
Entré, y lo primero que vi fue a Valentina, tendida en la cama, inmóvil.
—Amore mio, —murmuré, mi voz apenas un susurro mientras pasaba una mano por su mejilla. Su piel estaba cálida, pero verla con esos tubos y máquinas me hizo sentir más impotente de lo que jamás había estado—. ¡Por Dios, principessa... no vuelvas a asustarme de está manera!
Desvié la mirada hacia la cuna que estaba junto a la cama. Me detuve, dudando por un segundo antes de acercarme.
No podía apartar los ojos de Vale