Nicola
Tenía el tiramisú en el asiento del copiloto, y en mi interior una mezcla de irritación y resignación.
Valentina me estaba volviendo loco con sus antojos y demandas, pero no podía negarle nada, no a la mujer de mi vida.
El sonido del teléfono interrumpió mis pensamientos. La pantalla del auto mostró que era una llamada grupal del maldito grupo que Lorenzo había nombrado como "Los tres idiotas".
Chasqueé la lengua, aceptando la llamada mientras seguía conduciendo.
—¿Qué pasa ahora? —preg