Eyssa avanzó con cautela junto al Beta Segundo, Bryan.
No caminaba confiada; cada rama crujiente bajo sus patas la hacía saltar levemente, y su guardia la seguía a una distancia prudente, vigilando cada movimiento.
El bosque, denso y oscuro, parecía querer envolverla en sombras mientras la llevaban a lo más profundo, donde solo los lobos más leales se atrevían a aventurarse.
Cada paso retumbaba en el corazón de Eyssa, que no podía quitarse la sensación de peligro inminente.
Allí, entre la maleza