Alessia llegó al castillo con el corazón acelerado, el eco de sus pasos resonando en el suelo de piedra mientras el aire nocturno aún le quemaba los pulmones.
La gran puerta se abrió y, al otro lado, Lucien aparecía justo en el instante en que se disponía a salir.
Se detuvo en seco.
Su rostro, marcado por horas de preocupación y miedo, cambió por completo al verla.
Había estado tan asustado, tan consumido por la incertidumbre, que por un instante creyó que su corazón iba a estallar.
Pero entonce