Elara lo vio, casi a mitad del camino, incluso si estaba oscurecido, los ojos dorados brillaban en ese lobo, era Aren sin lugar a duda.
Ese hombre al que había jurado enfrentar algún día.
Sus ojos se clavaron en él con una intensidad feroz, como si cada segundo de sufrimiento vivido hasta ese momento ardiera en su mirada.
En su pecho, el corazón golpeaba con fuerza, no por miedo… sino por la furia que crecía como una tormenta imposible de contener.
Sin pensarlo dos veces, dejó que su cuerpo se r