Al día siguiente, el viento soplaba con fuerza sobre las montañas. El cielo estaba nublado, pero la tensión que había envuelto a la manada durante días comenzaba a disiparse.
Elara se alzó sobre una pequeña roca frente a su manada.
Su loba Esla rugía con orgullo contenido, y sus ojos brillaban con la fuerza de quien ha atravesado el abismo y ha regresado con la verdad.
Había heridas en sus cuerpos, cicatrices en sus almas, pero también una certeza renovada: habían sobrevivido.
Las miradas se alz