La tierra vibraba bajo las pisadas firmes de la manada Golden, flanqueada por Elara y Jarek al frente, con el ejército de Rosso marchando detrás, decididos, unidos por un mismo propósito: regresar a casa, restaurar el orden, sanar las heridas.
Estaban cerca.
Rosso se alzaba en el horizonte, pero algo no encajaba.
El silencio era antinatural.
No se oía el canto de los cuervos sobre las torres, ni las trompetas de los centinelas.
Solo el viento.
De pronto, a la distancia, divisaron a varios guardi