Narella sostuvo la mirada de Alessander, con los ojos brillando, no por miedo, sino por una determinación que nacía del fondo de su alma.
—Te amo… —susurró, y su voz tembló como si al pronunciarlo se estuviera entregando por completo—. Nunca amé antes… ahora lo sé.
Alessander la miró como si quisiera grabar cada rasgo de su rostro para siempre, incluso en medio de ese caos.
—Narella, juro por la luna, yo también te amo. No temas. Vamos a vivir, amor —dijo con firmeza—. No te rindas… no ahora.
El