Cuando el príncipe Alessander recibió la noticia, el mundo pareció detenerse.
Había estado entrenando con su lobo en los bosques exteriores del castillo, cuando un mensajero llegó, pálido y tembloroso, con la voz quebrada por el miedo.
—Su Alteza… su padre, el rey Jarek… ha caído enfermo. Se encuentra muy grave.
No esperó más.
El corazón de Alessander se disparó. Salió corriendo con el alma, desgarrándose a cada paso. Solo pensaba en su padre. En llegar. En salvarlo si aún había tiempo.
Pero cua