Elara se arrodilló junto a Jarek, sosteniéndolo con fuerza por los hombros, como si al hacerlo pudiera evitar que se deshiciera entre sus brazos.
—Existe una cura —dijo al fin, con voz baja pero firme—. Pero es peligrosa. Muy peligrosa.
Alessander se inclinó, aferrado a cada palabra de su madre.
—¿Dónde? —preguntó, su corazón latiendo como un tambor de guerra.
—En los Montes del Nilufer —respondió Elara—. Allí vive la Sacerdotisa de la Sangre Blanca. Ella... ella conoce la magia antigua. Es la ú