Al día siguiente, cuando Eyssa abrió los ojos, lo primero que vio fue a Hester a su lado.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando su perfil, esa serenidad en su rostro que pocas veces dejaba mostrar al resto del mundo.
El corazón de Eyssa comenzó a latir con fuerza, y dentro de ella, su loba ronroneó con un estremecimiento profundo, reconociéndolo sin dudas.
No había engaño, no había error.
Él era su pareja destinada.
Era como si la propia Diosa Luna se hubiera inclinado hasta su oí