Elara avanzó por el extenso corredor de mármol blanco con el corazón palpitando en el pecho. Llevaba días sintiendo esa angustia ahogada, ese nudo en la garganta que no terminaba de soltarla. Quería ver a Jarek, su rey… su esposo… su fortaleza. Tal vez si lo miraba a los ojos, si se perdía en su abrazo, todo dolería un poco menos.
Al llegar al salón del trono lo encontró de pie, de espaldas, con los puños apretados a ambos lados del cuerpo. Su silueta imponente, siempre tan firme, se veía hoy má