Cuando Crystol dio el primer discurso, el aire en el puerto se volvió denso, cargado de gritos, murmullos y abucheos.
El pueblo estaba demasiado alterado, nadie quería escuchar excusas ni discursos vacíos después de tanto sufrimiento.
La marea de voces indignadas se alzaba como un rugido implacable, un coro de desconfianza que parecía romper cada palabra que salía de los labios del Rey.
De pronto, entre la multitud apareció Hester, caminando con la firmeza de quien carga el peso de un destino in