—Todo terminó entre nosotros, Audrey. Acéptalo de una vez —dijo Lucien, su voz dura, casi como un aullido contenido.
Su mirada era firme, pero sus ojos delataban la tormenta interna que lo estaba destrozando.
—¡Tú dijiste que me amabas! —gritó Audrey, dando un paso hacia él, con los ojos bañados en lágrimas—. ¿Fue tan fácil olvidarme por esa princesa?
Lucien cerró los ojos un segundo, conteniendo el peso de sus emociones.
Cuando volvió a abrirlos, ya no había rastro de ternura en ellos. Solo det