Alessia se echó hacia atrás, el corazón desbocado en el pecho, asustada como una presa acorralada. Después de todo lo que había escuchado, después de las palabras que Lucien le había escupido al rostro como cuchillas, no deseaba nada de él. Nada… y, sin embargo, sus labios la buscaban con una necesidad feroz, y su cuerpo, su maldito cuerpo, comenzaba a traicionarla.
—No… —susurró débilmente, mientras lo empujaba con manos temblorosas—. No quiero esto… no ahora…
Pero Lucien, ciego de deseo y alco