Hester lanzó un rugido poderoso que resonó en el aire, haciendo que todo su ejército y Heller retrocedieran, paralizados por la fuerza de su llamado.
La tierra tembló bajo sus patas, y el sonido era tan profundo y feroz que parecía que el mismo cielo se partía.
Heller lo miró, atónito, reconociendo la forma imponente y majestuosa que se alzaba ante él. ¡Era el lobo de su hermano!
—¡No puede ser! ¡No puede ser! —gritó, su voz llena de incredulidad y desesperación.
En ese instante, Eyssa, quien ha