En el Reino Rosso...
Elara caminaba entre los muros de piedra del antiguo castillo con el corazón en un puño.
El ambiente olía a lluvia contenida y a guerra inminente. Cuando finalmente la vio, su pecho se apretó.
—¡Alessia!
La joven se volvió al escuchar su voz, y apenas la reconoció, corrió hacia ella como si aún fuera una niña perdida. La abrazó con fuerza, temblando.
—¡Madre…!
Elara la sujetó de los hombros, la separó apenas y buscó su rostro. Sus lágrimas no mentían. Había dolor… y culpa.
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