Thorner se alejó sin decir palabra. Su respiración era agitada, su pecho subía y bajaba como si contuviera un volcán a punto de estallar.
En su interior, su lobo rugía con una furia contenida, deseando salir, desgarrar, vengar.
El traqueteo de su corazón no era miedo… era rabia, pura y ardiente rabia.
Su mirada estaba oscurecida por el dolor y la desilusión.
Apretó los puños, clavando las uñas en sus palmas, como si así pudiera contener el temblor que lo sacudía por dentro.
Con paso firme, pero