El ejército que protegía a la consorte Mahi atacó con la furia de quien no conoce otra vida que la guerra.
No fue un enfrentamiento limpio ni ordenado: fue una embestida salvaje, garras y cuchillas brillando, gritos que rasgaban la madrugada.
Los protectores de la casa se lanzaron con todo, lanzaron un aullido que resonó como alarma: era el llamado de auxilio que debía llegar a Hester y a su guardia.
Dentro, Mahi intentó transformarse; lo hizo con la desesperación de quien cree que la piel propi