En la casa oculta, la tensión se sentía en cada rincón. Eyssa y Hester habían compartido un momento de calma, comiendo en silencio, mientras sus miradas se cruzaban de vez en cuando, cargadas de preocupación y anticipación. El silencio se rompió cuando un guardia irrumpió en la estancia con pasos firmes, su expresión reflejaba urgencia.
—Alfa Hester, en la frontera, el ejército de Rosso bloquea el paso. No los dejan entrar —informó, respirando con rapidez.
Eyssa y Hester se miraron, compartiendo