Belena, hija del líder de los Betas, clavó la mirada en su padre como quien espera que el mundo sane con una sola palabra. Sus manos temblaban; el miedo no era ya cosa de cuentos, se había hecho carne en su pecho.
—Padre —murmuró con voz quebrada—. ¿Podrás arreglarlo?
Él negó sin mirarla.
La negación fue un golpe sordo en la mesa; los cubiertos tintinearon como si también sintieran el peso de la noticia.
—No puedo, hija —dijo al final, y en su voz se deslizó la resignación de quien reconoce que