La siguiente noche la ceremonia estaba por comenzar.
Todo estaba dispuesto para recibir a Elara como nueva integrante de la manada Rosso.
En el gran claro, justo frente al altar de piedra negra donde tantas generaciones habían sido juradas a la manada, ardían antorchas encendidas con llamas de resina roja, el fuego tradicional del linaje Rosso.
Alrededor, los miembros de la manada aguardaban en completo silencio, expectantes.
También estaba allí la manada Golden, que había viajado durante horas