Al día siguiente
El amanecer se filtró con suavidad a través de las cortinas de la habitación.
Un rayo de luz dorada se extendía sobre la cama desordenada, donde dos cuerpos yacían aún entrelazados, como si la noche hubiese intentado fundirlos en uno solo.
Lucien fue el primero en despertar.
Abrió los ojos lentamente, parpadeando varias veces antes de comprender la escena: Alessia dormía aún, desnuda, envuelta en las sábanas blancas, con el cabello alborotado y la respiración tranquila.
Pero alg