Elara apenas podía susurrar su nombre.
—Severon…
Su voz era apenas un soplo de aire entre los labios, pero bastó para encender la furia contenida del lobo.
Severon escuchó el llamado de su loba.
Y entonces se desató el infierno.
Los rugidos se mezclaban con gritos de agonía. Las garras de Severon desgarraban la carne sin compasión.
Sus colmillos se hundían en las gargantas enemigas como si fueran papel. No hubo misericordia.
No hubo clemencia.
Nadie podía tocar a su compañera y salir victori