El anciano asintió, temblando. Se levantó, cruzó el puente.
Y Esla se quedó allí, jadeando, con las patas firmes en la tierra manchada de sangre, mirando al enemigo que aún quedaba… y que vendría más fuerte.
El anciano dudó, pero obedeció. Miró una última vez a su líder antes de cruzar el puente.
Fue entonces cuando Esla sintió un presentimiento. Algo oscuro.
Lanzó un último rugido, haciendo que el suelo vibrara, pero justo al girar, escuchó un disparo que cortó el aire.
No sintió dolor al princ