Los guardias irrumpieron en la habitación con pasos pesados.
Sus miradas eran duras, implacables, y sus manos sujetaban firmemente a la princesa.
Eyssa, la princesa consorte, apenas podía mantenerse firme mientras era conducida hacia la salida; sus ojos brillaban de miedo y desesperación, y su respiración era entrecortada, temblorosa, mientras sentía la crudeza de las manos de los guardias sobre su cuerpo.
Antes de que la puerta se cerrara por completo tras ellas, un guardia alzó la voz con res