— Necesito ir un momento al tocador…
Fue la primera excusa que se le ocurrió a Sienna, cuando sintió como su pecho se oprimía por completo aplastado por la presión de la intensa y peligrosa mirada del Alfa, que continuaba avanzando hacia ella en medio de las mesas del restaurante repleto de humanos inocentes e ignorantes del posible peligro que corrían con dos criaturas sobrenaturales midiendo sus fuerzas en el mismo espacio.
Ella casi podía sentir la respiración de Evans en su nuca imaginándos