— Muchas gracias por la cena… — Sienna dijo acomodándose un mechón rubio detrás de la oreja inconscientemente.
— No fue nada, ¿Puedo llevarlos hasta la casa? Ahí está mi auto — él se ofreció con naturalidad.
— ¡No! Gracias, eso no es necesario — ella trató de zafarse, aunque en realidad estaba cansada y no quería caminar, pero era mejor hacerlo a subirse a un auto con Evans.
— Por favor, insisto — abriendo la puerta del coche.
Sienna sopesó sus opciones, no hubiera querido darle su dirección a