El ambiente se había tensado entre los dos, pero la simpatía de Ethan era como un sol que, con su calidez, era capaz de derretir cualquier muro de hielo.
— Vamos, mami, ¡Di que sí! ¿Sí? — Los tiernos e inocentes ojitos de Ethan doblaban siempre el fuerte temperamento de su madre.
Sienna inspiró profundo y contestó con resignación, necesitaba conocer el juego que Evans estaba jugando.
— Está bien, cariño, pero solo será un rato, y nada de dulce, ¿Vale? — Acariciando las mejillas pegajosas del ni