EMELY.
—Intentaré no demorarme, te lo prometo —susurró, y su aliento cálido me envolvió—. He dado órdenes estrictas. Mientras yo no esté, te darán una dosis menor de la medicación. No quiero que sufras así, no puedo soportar que te sientas como si estuvieras muriendo. Garino vigilará que la enfermera cumpla mis instrucciones al pie de la letra.
Me aferré a sus brazos, disfrutando de ese contacto íntimo, de la presión de su frente contra la mía que parecía estabilizar mi pulso errático.
—Voy a e