EMELY.
Sin previo aviso, Olivar pasó un brazo por debajo de mis rodillas y otro por mi espalda, alzándome en vilo con una facilidad que me recordó la fuerza descomunal que poseía. Solté un pequeño grito de sorpresa y me aferré a su cuello mientras él empezaba a caminar con paso firme, alejándose de la luz de las velas.
—¿A dónde me llevas, Olivar? —le pregunté entre risas, hundiendo el rostro en su pecho, aspirando su perfume mezclado con el aroma de la noche.
—A hacerte todo lo que te prometí