REPRESENTACION DE UNA PESADILLA.
OLIVAR.
Magnus no era hombre de discursos sentimentales. Se limitó a apretarme el hombro con una fuerza que me transmitió su propia energía, un recordatorio sólido de que la estirpe que no se doblaba ante nadie.
—Ire a dar una vuelta—sentenció antes de darse la vuelta y desaparecer por el pasillo con paso pesado.
Me quedé un momento más bajo la luz de la luna, dejando que sus palabras se asentaran. Luego, entré a la habitación. Emely ya había dejado el tejido a un lado y me esperaba con la mira