EMELY.
Pasó una semana. Vargo es ceniza y la manada intenta retomar el ritmo. Garino entró en el despacho de Olivar con un fajo de carpetas bajo el brazo. Me senté frente a ellos, cruzada de brazos, observando cómo Olivar se servía un trago corto de whisky sin ofrecer a nadie.
—Vargo no solo pasó por los territorios, los arrasó —soltó Garino con la mandíbula tensa—. Tres manadas pequeñas en el norte están borradas. Quemó sus graneros, mató al ganado y dejó a las mujeres destrozadas. Tenemos re