EMELY.
—Porque tú vas a matar a mi mate apenas nazca —soltó, y el dibujo cayó al suelo entre nosotras.
Me quedé de piedra. El vaso de agua que pensaba buscar quedó olvidado en mi mente. La conexión de los mates era algo sagrado, un hilo que la Luna tejía desde el nacimiento, pero que una niña de ocho años sintiera ese vínculo con algo que aún no llegaba al mundo, y que ese algo fuera el engendro de Vargo, era la peor de mis pesadillas hecha realidad.
La moralidad ya no solo me jugaba en contra;