OLIVAR.
Mi madre me lanzó una última mirada cargada de significado antes de retirarse.
—Los dejaré solos para que platiquen —dijo con esa suavidad calculada. Escuché sus pasos alejarse, dejándome a solas con el olor empalagoso de Tamara.
Ella se levantó con una lentitud estudiada, entrelazando sus dedos frente a su cuerpo. Su rostro estaba configurado en una máscara de falsa preocupación que me revolvió el estómago.
—Olivar... de verdad lamento mucho lo que está pasando —soltó, su voz destilaba