MUESTRA DE SUPERIORIDAD.
OLIVAR.
Salí de la cabaña arrastrando el silencio de la muerte tras de mí. En el exterior, el aire del bosque golpeaba mi rostro, pero no me detuve. Caminé hacia la entrada de la propiedad, donde la cerca marcaba el límite del territorio, y busqué una estaca de madera gruesa y afilada.
Sin dudarlo, empalé la cabeza de Tamara en lo más alto, dejando que su rostro sin vida mirara hacia el camino por donde vendrían los suyos. Quería que supieran exactamente quién lo había hecho. Me agaché y, con l